3/2/16

OÍDOS ATENTOS

Llegaste con tu voz, sin tu presencia,
como el eco de un amigo invisible,
como un sueño auditivo
casi irreconocible, pero cierto.
Yo te oí claramente, y recuerdo
que pedí que te quedaras,
que no te desviaras a otro lado,
que siguieras conmigo eternamente.
Me recuerdo persiguiéndote,
persiguiendo el origen corpóreo
de las palabras que escuchaba,
persiguiendo tus ojos, tus labios,
tus manos y tus pies, tu cuerpo,
sin descanso, pero tranquilamente,
buscando mi reposo en tu presencia.
Temía tanto tu silencio
que mis gritos y mis versos
no dejaban de hablarte con angustia,
que mis ojos apenas se cerraban
por si llegabas en persona
y me perdía el milagro del contacto.
Y así años y años transcurridos
contigo, mas sin tenerte de otro modo
que en voz, que en palabra, que en eco
y a veces entre silencio y silencio.
He llegado a pensar que hasta la muerte
no podremos mirarnos cara a cara.