Por veces,
creí verte a través del cristal
de mi
ventana de insomnio,
como en un
escaparate:
allí estabas
tú.
Jadeaban mis
párpados
al no poder
tocarte:
al otro lado estabas tú...
Tras los cristales
seguías
pareciendo
de oro y de perfume.
Por el momento,
sigo estando solo
a las tres
de la madrugada,
y el tiempo se detiene
en los
cristales y en mis ojos
buscando tu
presencia.