En el pasado
guardé en mi habitación
miles de
armas contra mis enemigos,
montones de
traiciones a los aliados,
y me sentí
fuerte, importante y algo triste.
El fuego de
mi orgullo
rompió
amistades y redujo a cenizas
mis nobles
sentimientos.
Continué
hiriendo con espadas
blandidas a
izquierda y a derecha
las buenas
intenciones que me rodeaban.
Ahora en el
presente he comprendido
que malgasté
mi vida para nada
y soy
consciente de que basta una caja
donde
guardar un poco de ternura,
de que
sobran los enfrentamientos,
y es que los
actos han de ser guiados
por el
corazón en común armonía,
con la buena
conciencia y el sueño relajado.
Empezaré como
en una hoja en blanco
a vivir con
pasión la humildad, la sencillez,
haré tábula
rasa de todo mi pasado
y podrá
crecer ávidamente la alegría.