8/2/16

SER INSEPARABLE

Hubo un día en que me aseé
a conciencia el cuerpo. Ducha,
lavado de dientes, corte de uñas,
incluso fui a la peluquería.
Usé perfume caro, me vestí
con mis mejores galas,
guardé fiesta y no di palo al agua,
ni siquiera me acordé de ti,
pero no me sentí radiante,
incluso estaba algo nervioso,
me faltaba algo por dentro.
Otro día descuidé el cuerpo,
olvidé afeitarme y secarme el pelo,
no me cambié de muda ni de ropa,
trabajé duro y a conciencia
y me centré en mi alma:
al lavar mi conciencia
con agua, pan y vino
recuperé la alegría y la paz
al desnudarme frente a ti,
al dejarme purificar internamente.
Ahora conjugo cuerpo y alma
en mi aseo diario y concienzudo.