Un sagrario tenemos en la mente,
no esclava de la carne y la materia
que atenazan los pies, vendan los ojos
y prohíben acciones y palabras.
Abrámosla, sin miedo, a lo infinito,
que las luces apaguen la tiniebla,
que se abran los cerrojos de los miedos,
que nada impida las capacidades.
Que impere en nuestro ser el ansia pura
de buscar y alcanzar sabiduría,
que construyan su nido las ideas
sobre los techos de las sepulturas.
Es un rayo de sol casi divino
que nos permitirá surcar el cielo
y encontrar el camino de lo humano,
de lo más importante y más genuino.
Ser hombre es ser un libre pensamiento
que se adentra en lo ignoto del misterio,
es construir amores contra el viento,
es empezar un vuelo temerario.
Nada ni nadie violará ese gozo
que nos otorga ser un nuevo espíritu
que bendice y adora lo que quiere
que vuela, crea y engrandece el “alma”.
Al parar la opresión de la ignorancia,
con rebeldía siempre y siempre fuertes
venceremos el dolor y la muerte,
plantaremos la idea que redime.
¡Que viva victorioso el intelecto
buscando espacios cada vez más altos
con el valiente impulso del sentido
que Dios infundirá a nuestros esfuerzos!