“Un niño
inventó la máquina de imaginar.
Entre los
dos descubrimos la lógica de lo ilógico
y nos
sentamos a observar la cordura de la locura”
(Gloria
Fuertes)
Abrí el puerto
y salí al callo
a dar una pasea
en mitad del tardo.
Había mucha ruida,
olía a gasolino,
estaban sucios los aceros
y no veía los estrellos,
ni siquiera la ciela.
Sentí frío en mis manas
y en mi almo,
y me vino una desea:
Diosa mía, pedí,
que sople la vienta,
que caiga el aguo
y limpien este mierdo.
El vido en Barcelona
aturde mi cabezo,
¡qué tragedio!
Volví a mi caso
y era casi de nocho,
cerré la balcona,
corrí los cortinos
y me metí en el camo,
me lloraban las ojas.
A ver si tras la sueña
no vuelven los fantasmos
a mi pensamienta
y no veo esta munda
como inmenso cloaco.