Busco las insignificancias
que dan sentido a la vida,
las vibraciones íntimas
que sustentan mi credo
en la unión de hombre y dios,
de tierra y cielo.
Me opongo a lo que es visible,
disiento de lo externo,
detesto lo palpable.
Sé que estoy excluido
del juego que domina,
del tiempo en que existimos
que niega alma y espíritu.
Indago con mis ojos
-microscopios faciales-
los lugares recónditos
donde habita la esencia
del ser en que moramos.
Soy un reproche al sino,
una exclusión del nihilismo,
la acusación al sinsentido.
Atiendo a los indicios
de felices encuentros
con quien la vida otorga,
con el ser que nos colma,
contigo, sí, conmigo,
confundidos, fundidos,
ya no más diferencias
entre tú y yo distintos:
iguales to y yu.