6/5/16

QUERENCIA

Me toca jugar siempre con las cartas marcadas,
a menudo las trampas salen a relucir
y pierdo la partida sin sentirme culpable.
Casi siempre me apuesto la soledad,
la incertidumbre o el olvido y a menudo
termino recordando, creyendo, acompañado.
Da igual que me esconda o que me aleje,
que me muerda la lengua o que grite,
que construya castillos de naipes en el aire
o que acampe con mi tienda a la intemperie.
Casi siempre el río se desborda y rompe el puente,
a menudo dilapido mi sueldo en un instante,
da igual que medite o vaya a misa,
que me distraiga o que no crea en nadie:
mi silencio es un discurso comprendido,
mis promesas se las lleva el viento impetuoso.
Me encuentro a menudo con nidos escondidos,
con tierras prometidas no fecundas,
con arco iris monocromos,
con pieles de corderos que camuflan a lobos,
casi siempre mis farolas se funden
y cataratas blancas cubren mis ojos,
da igual que beba agua o que coma sin sal,
que me mantenga en forma o que me engorde,
mi cuerpo no consigue alcanzar a mi espíritu.
Intento inútilmente comprender homilías,
hallar la incógnita de ecuaciones sin grado,
habitar en las nubes, respirar bajo el mar,
diseminar semillas para que germinen,
exponer en vitrinas trofeos no ganados.
Siempre las sombras confunden mis miradas,
habitan mi memoria recuerdos no vividos,
me despido a diario de mis preciadas joyas
y acabo disfrazado de otro que me aliena.
Me toca casi siempre sorber la realidad,
sentirte junto a mí, de manera confusa
y terminar ebrio de esperanzas cumplidas:
acompañado, creyendo, recordando.