26/5/16

MUDANZA

Pensé que era imposible resucitar a un muerto,
que el agua ardiente fecundara peñascos,
que se pudiera huir de los infiernos,
que las oscuras sombras se iluminaran tanto.
Pero viniste tú y lo hiciste posible,
-me abracé fuertemente a tu regazo-
resucitaste mis huesos y mi carne,
fecundaste con fuego mi corazón de piedra,
hiciste que tocara con mis dedos la gloria,
que en las noches sin luna recobrara la vista.
Mi vida se trocó de nada en todo,
mi existencia mudó de arriba abajo,
-cíngulo soy, ceñido a tu cintura-
¡ahora sí que creo en los milagros!