¿Por qué me
obligas a pensarte siempre
si sabes que
la loca de mi casa
anda suelta
para que te ahuyente?
¿Cuándo
podré por fin corresponderte
fijando mis
pupilas a tu boca
para
desentrañar tu voz presente?
¡Quiero tu
intimidad, calladamente!
¿Podré algún
día quedarme, poseerte,
uncido por
el yugo de la mente
sin temor a
alejarme de tu puerta?
Me asusta la
tortura de perderte
y vivir en
la tierra de la nada,
temo
alejarme de tu casa amada
y no poder
hablar contigo ausente.