Estuve en el desierto de
encendidas arenas
y emigré hacia los bosques en
busca de la sombra,
crucé ríos y lagos, subí nevadas
cumbres,
descendí acantilados. Descubrí
bellas flores,
corrientes cristalinas, frutos
apetecibles
y animales amigos, pero no te
encontraba.
Decidí finalmente hacerme hacia
la mar,
emprender la aventura. Zarpé con
una nave
cargada de esperanza, repleta de
ilusiones,
un horizonte azul me mostraba el
camino.
Pero las olas fueron poniéndose
furiosas
y fui perdiendo el rumbo y la fe
escaseaba.
El mar era un desierto con
negros nubarrones,
me encontraba sin brújula, con
harapos por velas,
peregrino sin rumbo con los
sueños perdidos.
Tampoco te encontré estando a la
deriva,
pero llegó la calma y vi un
puerto a lo lejos,
llegué y pisé la tierra y empecé
nuevas sendas,
esta vez sin agobio, destino a
las estrellas.