Que sí, que sí me faltas,
no me valen tus palabras,
no me sirven tus promesas,
ni las falsas imágenes
que intentan reflejarte.
La madera y el plástico
nunca podrán ser carne;
las promesas se incumplen
o se dejan a medias;
las palabras engañan
o las borra el ausín.
Que sí, que sí te quiero
como la ñiña
al iris,
como el potro
a la yegua,
como el piano
a la nota,
como el polvo
al camino.
Por eso ya no quiero
mañanas ni silencios,
juegos y adivinanzas,
desatinos, locuras.
Necesito que mires
fijamente a mis ojos,
que me aparejes, me enjaeces,
que toques mi cuerpo con tus dedos,
que sean míos tus pies.