17/2/11

FIN DEL EXILIO

Y si algún día saciaras mis sedientos labios,

y si un día iluminaras mis sombríos ojos

ya no sería desierto mi ceguera.

Habría lluvia, aguaceros, tormentas;

habría luces, rayos y cometas.

Algún día, sí, tu agua milagrosa,

tu prodigiosa claridad,

acabará de facto mi merecido exilio

porque vendrás a mí.