No solo achaques
nos regala el tiempo
acompañados
de arrugas en el alma,
también
olvido de los malos momentos
e
idealización de los bellos recuerdos.
El descaro
con que avanzan las horas
siembra de
dudas el futuro incierto
y nos hace
pensar en lo infinito.
Si se
entorpecen nuestros movimientos
es para
aligerar sueños inalcanzados
y no sumamos
años, los restamos
con la
esperanza de alargar la cuerda
que nos ata
al extremo del camino.
Así vamos
cayendo en el engaño
de que vivir
es no estar muerto
y seguimos
creyendo que todo es relativo.
Quisiéramos
hablar con los difuntos
para obtener
respuestas coherentes
y dejamos de
escuchar a los vivos
que
desinteresadamente nos advierten
de que el
mundo real engaña y miente.