Tras andar por caminos extraños,
descarriado y gastando mis
haberes,
gozando, inconsciente, de
placeres
y haciendo caso omiso a tus
consejos.
Tras confundir traidores con amigos,
alejándome del sudor y del
trabajo
he mordido el polvo y me muerdo
la lengua,
he llegado a sentir la hiel inesperada.
He decidido volver a casa y a
tus brazos
para pedirte el perdón que necesito
y desgastarte el rostro a besos
porque sé que para ti no he
muerto,
que sigo siendo sangre de tu
sangre
y me darás todo el amor de tu
amor
inacabable, toda la paz de tu
paz
sosegante, todo lo que te pida.
Y te diré: “padre, lo siento”.
Y me dirás: “hijo, te quiero”.