Estás aquí,
viviendo entre nosotros,
eres todos y
cada uno de los hombres,
te haces
hogar en cada casa,
pobre eres
con los pobres,
clamas por
la justicia y la fraternidad.
Aquí estás
con toneladas de esperanza
para los que
padecen el desprecio,
con infinitos
litros de agua
para saciar
la sed de los esclavos.
Estás aquí,
con los desposeídos,
para devolverles
su ansiada libertad,
sí, aquí,
muy lejos de los bancos,
de los
gobiernos, de los templos
que desoyen
el derecho a la igualdad.
Estás aquí
para curar heridas,
para
acompañar ausencias,
para llenar
las manos de ternura,
para dejar
atrás la soledad.
Sigues aquí
para denunciar el poder opresor,
para luchar
por los niños que sufren,
para evitar
la avaricia de tantos Midas
que todo lo
que tocan lo transforman en miseria.
Aquí sigues
para romper muros y vallas,
para
repartir los bienes equitativamente,
para hacer
de la rutina algo creativo,
para dar del
vacío un salto a la eternidad,
para borrar
las fobias del color de la piel,
para igualar
religiones y sexos,
para echar
abajo las torres de Babel.
Estás aquí,
pero ninguneado,
desoído,
abandonado, crucificado.