Inexplicable
fue tu nacimiento,
tu mensaje
también inexplicable,
inexplicable
fue tu muerte
y tu
resurrección inexplicable.
Misterio,
nada más que misterio,
despierta tu
figura, pero atrae magnética
los
corazones que hasta ti se acercan.
No sé nada
de ti salvo algo que han contado
de manera
simbólica
y sin
embargo he decidido
seguirte con
fe de carbonero.
No deja de
ser otro milagro
de los
muchos que te atribuyeron,
no dejo de
ser otro discípulo
de los pocos
que tu voz siguieron.
No me
explico mi opción: otro misterio.