Cada día me
tientas con atrayentes dones,
sí, me
prometes poder, fama, placer, riqueza…
tu
estrategia consiste en presentar por bueno
lo que al
fin y a la postre me causará gran daño.
Casi siempre
sucumbo a tus insinuaciones
y quiero que
las piedras se conviertan en panes
y que en la
tierra se haga mi voluntad completa
y que pueda
volar sin temor a la muerte;
pero de esta
manera siempre me encuentro solo,
las personas
no cuentan, solo las manipulo,
y aparezco
ante ellas como el ser más mezquino.
He adquirido
todos los vicios que se pueden
por seguir
tus consejos, por abrazar tus garras.
Algo o
alguien me dice que este no es el camino
que vencer
necesito tu tentación maligna
que debo ser
humilde sin pretensión alguna,
que es
posible otra forma de paz y de justicia,
de hermandad
compartida y de vida entregada
en las que la
pobreza es el valor supremo.
Pido más
fuerzas para enterrar el egoísmo,
para cambiar
de rumbo mi desnortada vida,
para que
siempre pueda ganar en esta lucha.