(A Hemingway)
Campana solitaria en tu espadaña
que anuncias a los vientos nacimientos y
muertes,
que alertas con tu voz de incendios
desastrosos,
que convocas a liturgias y rezos
al alba, a mediodía y a la noche.
Tú despiertas al hombre,
le recuerdas como a Millet el ángelus,
y le invitas al sueño sempiterno.
Por ti sabemos “que no es nena, que es nen”
quien ha venido al mundo,
sabemos de bautizos y de bodas
y que doblas por nosotos
“porque no somos islas”
sino pedazos de los continentes
(estoy citando a John Donn literalmente).
Tu oficio es avisar de los oficios,
hacernos saber todo lo importante:
la vida cuando viene, si se nos va la vida,
la paz, la guerra, la alegría y el llanto,
la solidaridad ante el desastre.
“¡Qué tristeza en el aire y en el cielo!”
si desaparecieran tus repiques,
tus notas musicales.
¿Por quién doblas tu bronce,
tus huesos y tu carne?
Poeta de los ecos, unión de cielo y tierra,
Dobla, redobla, no te calles,
¡deja el silencio para Viernes santo!