Si una partida de ajedrez jugamos
no basta con saber que nos queremos,
es preciso admitir que conocemos
las mismas reglas con las que ganamos.
Tal vez sea que nos diferenciamos
en la estrategia, aunque los dos perdemos,
pero ambos en el fondo lo sabemos:
son gambitos las piezas que cambiamos.
Yo no tengo argumentos ni razones
para influir en mis corazonadas,
aunque lo pida mi naturaleza,
tú te guías por mis inclinaciones
y te anticipas siempre a mis jugadas
dejándome la duda en la cabeza.
no basta con saber que nos queremos,
es preciso admitir que conocemos
las mismas reglas con las que ganamos.
Tal vez sea que nos diferenciamos
en la estrategia, aunque los dos perdemos,
pero ambos en el fondo lo sabemos:
son gambitos las piezas que cambiamos.
Yo no tengo argumentos ni razones
para influir en mis corazonadas,
aunque lo pida mi naturaleza,
tú te guías por mis inclinaciones
y te anticipas siempre a mis jugadas
dejándome la duda en la cabeza.