No pocas
veces mi cuerpo me abandona
y no me veo
ni me oigo,
pero sigo
existiendo porque pienso,
porque
siento, porque amo.
En esas
circunstancias
no soy un
sueño que me invento
ni siquiera
un ángel o un fantasma,
soy más real
que cuando tengo carne.
Es entonces cuando
veo una luz,
cuando tú
estás más cerca,
cuando más
claro te escucho
llamarme por
mi nombre,
cuando te
identifico plenamente.
Mi intimidad
se queda al descubierto
y ocultos
permanecen mis errores,
entonces,
cuando no soy corpóreo,
solo
entonces me conozco, me conoces.