1/7/17

ES PRONTO TODAVÍA

Ya sé qué enfermedad padezco,
se llama procrastinación.
Mañana será el día, lo prometo,
“para lo mismo repetir mañana”.
Y va pasando el tiempo
sin que encuentre el momento
para hacer lo que debo:
sencillamente abrirte
la puerta encasquillada
de mi cruel corazón cerrado
a cal y canto, amurallado.
Un antes y un después que son lo mismo,
lo urgente y lo importante se demoran.
Me agobia decidir lo inevitable,
aunque el domingo repican las campanas,
aunque el móvil me recuerde el evento.
Postergo sin sentido
tu llamada insistente
-no suelo abrir ni a conocidos
ni a extraños cuando no me apetece-.
Y es que no tengo ni fecha,
ni hora, ni segundo
para atender mi propia vida.
Me asustan tus propuestas,
gusto de mis placeres
por eso no hago caso
a lo que decía mi abuelo:
“No he visto yo ningún mañana”.
Reconozco que duermo entre laureles,
como un lirón, o a pierna suelta,
que tal vez no tenga solución,
pero sé que soy esclavo
 de mi humana condición.