29/9/16

BONHOMÍA

Y por qué no empezamos a actuar con ternura, a ser siempre simpáticos, a repartir sonrisas…
Y por qué no tratarnos como iguales y libres, haciéndonos la vida algo más agradable…
Sería muy distinto el mundo que creamos si fuéramos amables, si con dulce carácter nos diéramos las gracias. ¿Acaso ser afables nos acorta los días? Y por qué no abrazarnos ladrones, policías, sacerdotes, ateos, casados, divorciados, inocentes, culpables, negros, blancos, cobrizos, vencedores, vencidos, justos y pecadores… Y si nos comprometiéramos a ser sencillos con los sencillos (fuera complicaciones), privados con los privados, públicos con los públicos, errantes con los errantes, nómadas con los nómadas, nobles con los nobles (basta ya de traiciones), decentes con los decentes (sobran los inmorales), insobornables ante el fraude…
¡Qué bien todos hermanos, bondadosos, sencillos, creadores de puentes!
Y si nuestra moneda de cambio fuera la honradez, el perdón, la confianza ciega…
Si nuestro patrimonio estuviera repleto de inocencia, serenidad y calma que legáramos gratis
a los que nos rodean, a todos los  humanos… Y si llenáramos nuestros almacenes de laborables fiestas, de fascinantes frutos, de impecables principios, y de finales compartidos…
Por qué no comenzamos a caminar unidos hacia un común destino de bondad y belleza cogidos de la mano… Y por qué no escucharnos respetando opiniones sin tacharnos de enfermos, de locos sin remedio… Hagamos monumentos de carne a la paz, al respeto, al compartir, a la tolerancia… Que nos importe el otro como norma, que acordemos, pactemos, para saber más, para querernos más… Somos inimitables, irrepetibles, imprescindibles, insuperables intachables, maduros… Y por qué no arriesgarnos a saltar al vacío de la corrección, de la coherencia, de la mesura, de la compostura… Aprendamos, comprendamos de una vez por todas que hemos llegado aquí para hacernos felices.