Sé de dolor,
por eso sé de todo,
he soportado
fuertes inclemencias
en
turbulentas noches de mi alma
y he sentido
mi cuerpo como ausente
en días de
continuas pesadillas.
Sé de dolor,
por eso creo todo,
que la
lluvia no moja cuando cae,
que se
fatiga el sol conforme corre,
que el fuego
no calcina los rastrojos,
que los
montes se arrodillan piadosos.
Sé de dolor,
por eso espero todo,
que no se
ahogue un pez fuera del agua,
que las
piedras no causen los tropiezos,
que la luna
detenga las mareas,
que del
escombro surjan edificios.
Sé de dolor,
por eso intento todo,
paralizar el
viento con mis manos,
impedir la
miseria en tantos rostros,
confeccionar
milagros para todos,
descubrir
los enigmas de la vida.
Sé de dolor,
por eso lo sé todo
sobre el
amor –“quien lo probó lo sabe”–.