Vivo con
esperanza:
no está
triste el paisaje porque tú estés ausente,
ni es oscura
la noche porque me sienta solo,
no encierran
rencores mis entrañas
ni compro ni
vendo conmiseraciones.
Ninguna
puerta cierro:
entrará
algún día el gozo del te quiero,
y pasarán
los besos y el perdón,
de nuevo
jugarán la espuma y las arenas,
las
cómplices miradas y la risa.
Todo será
posible:
la rueda de
la buena fortuna,
el dorado
cuerno de la abundancia,
la fértil
tierra de Jauja,
el oro de
las Indias,
las sedas
del Oriente.
Aún quedan
muchas horas:
el deseo
será correspondido,
se unirán
los anillos de boda,
se hará realidad
el espejismo,
confluirán
los ríos,
llegará el
cruce de caminos.
Cuando acabe
la hora del olvido
y del
silencio y de las añoranzas,
llámame sin
palabras, ven conmigo,
yo te estaré
esperando. Responderé
a tu eco y
nos entenderemos.
Si es
preciso navegaremos juntos
en la segura
barca de Caronte.