En mi
continuo éxodo
desde mi
exilio a la liberación
te me
entregas de día,
te me ofreces
de noche,
te me das en
invierno,
te otorgas
en verano,
me calmas,
me serenas,
me arrullas,
me confortas.
Eres mi
cayado en el camino,
eres mi ánfora,
mi bien
surtida alforja,
el diálogo
íntimo,
eres mi
oráculo, mi brújula.
Sigue a mi
lado siempre,
acompáñame
muy de cerca
con tu
mirada, con tus gestos,
con tu
séquito de sonrisas,
hasta la
tierra prometida
que mana
leche y miel.