13/5/15

ECLESIASTÉS

Vivir es aprender que todo cambia (aunque no hay nada nuevo bajo el sol), que galopa el reloj sin detenerse, que cada uno defiende su verdad, que los extremos tienden a juntarse y que todo es relativo y vanidad. Vivir es comprender que el hombre acaba, que su almanaque tiene un fin seguro y que caerá el telón en su mirada. Vivimos comprobando, resignados, que muchos de los sueños nacen muertos, que hay más de un corazón de pedernal, que del llanto a la risa paseamos, que hay semillas que no germinarán. Constatamos que hay trenes no atrapados y agua dulce que se funde en la sal, hay estrellas que ni siquiera vemos y palabras que da igual no pronunciar. Vivir es aprender en propia carne que el amor duele más de lo normal, que nos perdemos en cuestiones nimias y nos ahogamos siempre en un dedal. Vivir es aprender constantemente silogismos oscuros sin sentido, es olvidarse de que el mal es posible, es confundir la puerta a que llamar. Pretendemos que el cielo solucione la incógnita que debemos despejar, buscamos refugio en la tormenta, seguridad en nuestra libertad y nos perdemos por caminos rectos, orgullosos de hacernos esperar. Vivimos tras  pepitas en el río y vendemos nuestra alma a los demás esperando tener la recompensa de incinerar castillos en el mar.