Como tú
nadie, nadie se te parece,
apareces en
mis ruegos y plegarias
como
luciérnaga sonriente y atenta,
me sigues,
me acompañas
con llamadas
danzarinas por mi nombre,
con tus ojos
me observas, traspasas
las capas
que me envuelven.
Otros “tienen
boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;
tienen
manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta”.
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta”.
Tu aroma me
rodea, me acuna tu ternura,
como flor
palpitante, como el aire al trigal,
y te veo, te
siento, te oigo
al doblar
una esquina, en mi casa,
ya no
sospecho, ya no intuyo,
estoy seguro
y certifico tu presencia,
tus manos
junto a las mías tejiendo ritmos
acompasando
el paso con los pies,
sin que
marquen el tiempo los relojes,
abriendo sin
impaciencia los pétalos
de nuestro
amor, de nuestro secreto,
esperando
estrellas, brisas, mapas
que expresen
lo inefable.