Suele
acontecer que la verdad se parte por en medio
y la
mentira se transforma en media o en piadosa,
pero en el
fondo todo es un engaño
ya que tan
solo existen mentiras o verdades
(por
supuesto siempre subjetivas y sesgadas).
Igual que
no se puede entregar a medias el amor,
ni solo
vivir con dignidad o morir a medias,
igual que
una persona nunca es media persona,
las medias
tintas no convencen, ni sirven para nada.
No hay medios
sueños, aunque se interrumpan,
ni orgasmos
a medias, aunque no se compartan,
ni fuego
congelado, ni silex en estado líquido.
Lo que
acontece en realidad es muy sencillo:
la
incertidumbre nos acecha, la duda nos corroe,
somos
cautivos de nuestros propios miedos,
el eco
suele repetir solo la mitad del vocablo.
Y perdemos
el rumbo que nos lleva al sentido
profundo de
nuestras experiencias,
y nos
confunden las dimensiones crueles
que
condicionan nuestras percepciones.
Acontece
que un espejo traidor nos impide
pasar al
lado de lo inescrutable,
que, como
nuevas alicias, quisiéramos estar
en un país
distinto, real, pero maravilloso
donde no
hubiera paredes, ni puertas, ni ventanas
que
impidieran el vuelo de nuestro pensamiento.
Y seguimos
creyendo en cantos de sirena.