- ¿Existes?, Verdad.
- No, en los hombres equivoco su
mente
para que crean lo que creen que
entienden,
y como cada uno a su manera
cree,
tengo mil caras y todas
relativas. No existo.
-Verdad, ¿existes?
- Sí, en el Hombre que creyó en
la utopía
de un camino, de una vida
fraternal
y es libre porque su fe
alimenta. Sí existo.
Yo me perdí por caminos
desnortados,
por ideas contradictorias,
polisémicas.
Creí en axiomas maniqueos
e incluso reté, como las
piérides,
orgullosamente, a los seres más
sabios:
como una asíntota quise
acercarme a lo imposible.
Hoy intento estar comprometido
con el Hombre, mas no sé si
podré soportarlo:
descabalgar de mi ideología,
cambiar lo complicado por lo
simple,
desnudarme ante el mundo sin
vergüenza,
ser perseguido por amar lo
justo,
ahondar en mi interior con el
silencio,
abandonar la razón y mis
razones.