Hay
demasiados cantos de sirena
y
demasiadas interrogaciones,
excesivas
mentiras disfrazadas
y
excesivas preguntas sin respuesta.
Nos
ofrecen la lluvia y la cosecha,
nos
prometen la paz y la alegría,
administran
ajenos sentimientos
y
trituran el grano en su granero.
Hay excesivos
ojos maquillados,
demasiadas
balanzas que prejuzgan,
manuales
engañosos que enmascaran
la
justicia parcial de los valores.
Demasiado
trabajo es darse cuenta,
tarea
fatigante es comprenderlos
y a
estas alturas me he quedado afónico,
doctorado
tan solo en el silencio.