10/4/13

¿PROSA?

No podría escribir una epopeya –a lo Odisea o a lo Os lusíadas- ni escritos épicos -a lo Ilíada, Los nibelungos o Mío Cid-, porque los tiempos han cambiado y mis fuerzas y la inteligencia no me alcanzan. No podría escribir una novela como El Satiricón o El Lazarillo, o Pedro Saputo, llena de ingenio y que provoque risas, porque además de lo dicho sobre mi capacidad, estoy algo triste en este instante. No podría escribir un libro de caballerías o de ciencia ficción a lo Quijote o a lo 1984 porque no está a mi alcance. No podría escribir colecciones de cuentos a lo Decamerón o Las mil y una noches. Ni tampoco podría con novelas modernas o ejemplares, ni con Robinsones, Gulliveres o Werthers. Me vendría muy largo hacer la competencia a los realistas, naturalistas o románticos. No me gustaría escribir como en la Ilustración, sí como en los siglos XIX y XX: Otra vuelta de tuerca, El Ulises de Joyce, El hombre sin atributos… Confieso que me atrae la experimentación, -dar un Contrapunto-, el absurdo de Kafka y el existencialismo de Camus o de Sartre. No podría, por más que lo intentara escribir en prosa porque me fatiga y soy desordenado. Aunque pasen los tiempos –Cien años de soledad- se seguirá jugando a la Rayuela. El realismo mágico, Cortázar, son una maravilla inalcanzable. Soy español del siglo XXI y me quedo con Tirano Banderas, La Regenta, Los gozos y las sombras, Pascual Duarte, Tiempo de silencio, El héroe de las mansardas de Mansard, El desorden de tu nombre, Octubre-octubre, Larva… y tantas otras que me han hecho gozar espiritual y físicamente, que me han hecho sentirme aprendiz de diablillo, insignificante frente a tanto talento. Este es un pequeño tributo a los grandes contadores de historias que aunque cambien los tiempos permanecerán en mi memoria.