Se me apaga
tu rayo y quedo ciego,
a
trompicones voy y sin sentidos,
la
dirección de oído está perdida,
hiere
el viento, la tierra se me traga.
Si se
encendiera sabría medir
lo alto
y lo profundo del misterio,
descansarían
mis ojos, mi tacto,
gustaría
los frutillos del bosque,
olería
las aguas insonoras.
Si se
encendiera caería el polvo,
las
escamas, el muro infranqueable
de la
pena y habría norte claro
que
señalara mi aturdida brújula
y un
centro permanente en mi esperanza
y un
horizonte para mi vigilia.
Pero
soy un fósforo humedecido,
un
diario vacío de palabras,
una
sombra que vaga procelosa
en mar
sin faro, fuego, ni sentido.