Escribir es un no ser, consciente,
una
forma de morir, despacio,
en el
variante piélago de nuestra travesía.
Es una tumba de papel que linda
con lo eterno,
es una
hoguera, una horca, una lapidación,
una descarga
de un millón de voltios,
una
bala que hiere en pleno corazón,
es un continuo
ahogo, es un perpetuo ictus.
Una manera de acabar, despacio,
el
viaje que es el hombre, en el fondo inconsciente.
Pero es la única, la mejor de
acercarse
(con sudores de tinta)
(con sudores de tinta)
al
saber que lo ignoramos todo,
al
tejer y destejer de sueños una historia,
a
armar y deshacer el puzle
del curso imprevisible del río de los días.
del curso imprevisible del río de los días.