13/11/12

BIBLOS

Silencio. Entráis en un templo de sagrado saber
en donde un solo dios nos espera, quiere hablarnos
–don de lenguas– con un mismo idioma para todos.
Profunda y misteriosa sabiduría. Silencio.
No creáis que aquí está todo lo importante,
hay más zonas en blanco que puñados de letras.
Los saberes del hombre no le llegan a las sandalias
a la ignorancia sobre el sentido de la vida.
Podéis hablar un poco (en voz muy baja)
ahora que sabéis que es inútil dar vida al pensamiento.
Alejandrías, misteriosos conventos medievales,
alfonsos décimos, manuscritos qumramenses,
shakespeares, papiros persas, jeroglíficos egipcios,
cervantes, escrituras chinescas, joyces:
todo, todo está ahogándose en los mares muertos de las dudas.
Silencio. Viene el bibliotecario, un deforme soñador
con la cabeza llena de información que a nadie le interesa.
Pedidle un libro (el protocolo exige los permisos)
abridlo y entrad en otro mundo, este es muy aburrido.
-Señor, ¿aquí se encuentra la obra de todas las respuestas
a todas las preguntas?
-Por supuesto que no, esto es solo una humilde biblioteca.