Eras
callado,
pero
hablaste muy claro.
Quisiste
castigar
de cara
a la pared
la
injusticia y el miedo.
Hiciste
redoblar
las
campanas a vivo.
Dirigiste
tus pasos
a un
horizonte nuevo.
Sembraste
la esperanza.
No
pudieron quemar
tu
lápiz ni tu mesa,
no
hicieron de ti un cero.
Hoy
sigues enterrado
con los
ojos abiertos.