Me senté cabe un río:
el agua se dormía,
enmudecía el viento
y caí en un sueño profundo
lleno de gotas y ventisca
que -¿lo adivinas?-
me recordó tu fuego
en una zarza ardiendo.
Me descalcé al instante
(en sueños todavía)
por si estaba pisando
una tierra sagrada.