No sé si es
pedir mucho
que dejes
que te vea,
que permitas
tu roce,
que pueda
oír tu risa,
respirar tu
perfume
y gustar tu
alimento.
No creo
pedir tanto:
solo que no
me niegues
lo que antes
he nombrado.
Ya ves, un
poco, un tanto
como un
sueño infinito,
aunque dure
un segundo.