Las rocas no
comprenden el rocío,
las plantas
no comprenden el viento,
la mar
ignora la sal que le conforma,
los ríos no
consiguen atrapar a los peces,
la tierra
desconoce los muertos enterrados,
el cielo no
es consciente de la belleza de sus soles,
la vida de
las aves y de los animales
sigue
inconsciente sus instintos:
así yo
ignoro, no comprendo, desconozco
la riqueza
que en mi interior habita,
no soy
consciente de lo más importante
que hace de
mí casi un dios encarnado,
pero intuyo
que tú estás agazapado
detrás de mi
insondable misterio
tan natural
como la naturaleza,
tan evidente
como la evidencia,
tan real
como la realidad,
tan cierto
como la certeza,
tan temporal
como el tiempo,
tan esencial
como la esencia.