Eres clave
de sol,
sostenido
que eleva la nostalgia,
oblicuo
pentagrama
que enmarca
mis notas olvidadas
sin rectas
ni renglones,
ritmo fortissimo
de mi vida,
compás de
mis negras
o de mis redondas
pretensiones,
tocata y
fuga en re menor.
Eres como
escuchar a Bach,
mas sin
ningún da capo
que regrese
al principio del encuentro,
eres mi
director de orquesta,
tu batuta un
grisín de maná
que no calma
mi hambre
de escuchar
el ritmo de tu pecho.
Me pierdo,
resbalo siempre
con tus raudos
glissandos.
Caigo
semifuso y confuso
en un
paréntesis que espera
tus largos
silencios para oírnos.
Quiero
cambiar el tempo
-¡ayúdame si
quieres!-
a un adagio
pianissimo
para
permanecer contigo
serena y
largamente
en una
interpretación tan personal
que acabe en
ovación
de nuestros
corazones.