(A
Joaquín Carbonell)
Desayuno palomas y cigarras,
mudo ante los dioses
que se ocultan ante mi presencia,
disparando silencios
entre nieblas y barro.
Ni palabras, ni complementos,
ni sintagmas ni oraciones:
los puntos cardinales
no comprenden las letras.
Mi destino es la nada,
ni norte, sur, este u oeste,
ni iglesias ni palacios,
menos aún bolsas y mercados
de valores monetarios.
Vedme morir sin limosnas.
Que el cielo nos moje
con sus nubes abiertas
y que sean las gotas
que colman la injusticia.
No lloréis por mí,
soy una víctima más
del capital y de la indiferencia.