He vuelto a releer “El Criticón”,
a remirar al Goya en negro
y a revisionar “L’âge d’or”.
Me han hecho recordar,
mejor dicho, añorar
cráneos privilegiados que ahora
faltan;
me han hecho estar pendiente,
mejor dicho, ser consciente
de la ingeniosa mente humana.
Me han impuesto, mejor,
me han regalado
la belleza, el genio que sublima
el conocimiento de las almas,
la fascinación del subconsciente.
Quisiera ser calandino, fuendetodino
o belmontino solo por compartir
lugar de origen, no por ser como
ellos,
es algo imposible.es.