Hola hermano, amigo, compañero,
solo vengo a charlar contigo un rato,
espero que perdones mi insolencia
a estas horas de la noche, tan frías.
Te he visto aquí, en la calle Delicias,
entre cartones y apestando a vino,
si te molesto dímelo, tranquilo,
me iré sin más y buscaré otro sitio.
Yo también tengo el corazón enfermo
y tal vez tú puedas curarlo un poco,
no conozco tu historia y tus motivos,
pero tienes cara de filósofo
y seguro que comprendes la vida
mucho mejor que yo, mejor que nadie.
Tú pareces feliz,
mi vida es un desastre,
la gente no lo entiende.
Seguro que posees mil amigos
y yo me encuentro solo.
Sé que compartes todo con los otros
aunque no sea nada lo que tienes,
yo, en cambio, necesito
cosas para mí solo.
Tú sabes escuchar, -no has dicho nada-,
pero me siento a gusto aquí a tu lado.
Yo solo me oigo a mí:
enséñame el secreto de la calma,
de la paz interior.
¿Y por qué no respiras? ¡Policía!