5/12/13

REFUGIOS PERSONALES

Hablo de soledad continuamente
porque suelo apartarme
a unos pocos lugares,
a unos cuantos momentos
que me dan paz cuando la necesito.
Recuerdo el cierzo que casi me arrastraba,
cuando era niño, al retorcer la esquina;
el olor de los guisos de mi madre;
el calor de la estufa
de leña en los inviernos en Cosuenda;
mi colección de cromos;
los primeros cigarrillos furtivos;
las citas con exnovias;
los préstamos de libros
en esa biblioteca de Los Sitios;
las canciones protesta
con los amigos en aquellos bares
esquina León XIII;
la doble sesión en el cine Dux;
los álbumes de fotos de familia…
Conservo pocos más,
pero me siento a gusto
cuando son mi recuerdo,
cuando quiero alejarme
de los continuos ruidos que me invaden.