21/1/12

SIN DESPROPÓSITOS

¿Para qué curar el envenenamiento de la acedia,
no caer en la despreocupación y la ataraxia,
soportar el yugo y las cadenas,
acabar con la falta de energía en la mañana,
superar ríos y mares de inutilidad,
vencer la oscuridad que se cierne,
encontrar el sentido de la vida?
Porque sé de memoria que está en lo cotidiano,
en lo ordinario, en la repetición,
en la necesidad de seguir vivo, la respuesta.
Lo pequeño y menudo no supone una carga.