¿Para
qué curar el envenenamiento de la acedia,
no caer
en la despreocupación y la ataraxia,
soportar
el yugo y las cadenas,
acabar
con la falta de energía en la mañana,
superar
ríos y mares de inutilidad,
vencer
la oscuridad que se cierne,
encontrar
el sentido de la vida?
Porque
sé de memoria que está en lo cotidiano,
en lo
ordinario, en la repetición,
en la
necesidad de seguir vivo, la respuesta.
Lo
pequeño y menudo no supone una carga.