Te doy gracias por
haberme hecho hombre,
aunque a veces me
duela,
aunque a ratos
esté descorazonado,
aunque en algún
momento me desplome.
Espero, a pesar de
todo, morir amándote,
seguir haciéndote
preguntas sin respuesta,
lanzar al aire la
moneda del placer y el dolor,
la de la fealdad y
la belleza.
Espero, a fin de
cuentas, comprender
lo que has querido
hacer conmigo.