(Al
gran sonetista José Alcalá Zamora)
I
Lucho contra tu amor día tras día
y cada día caigo derrotado,
quisiera ver tu eco estrangulado
y tu voz cobra fuerza y cercanía.
Peleo por buscar tu lejanía
y por que no me tengas enjaulado,
pretendo siempre hallarme camuflado,
pero siempre me encuentra tu porfía.
Busco perderte, pero siempre te hallo
en todas partes en las que me escondo,
hasta puedes oírme cuando callo.
Te quiero no escuchar y no respondo,
aunque en suspiros de dolor estallo
y acabo por sufrir en lo más hondo.
II
No sé cómo esquivarte en mi camino,
por eso tomo alcorces, voy y vengo
para evitar el miedo que te tengo,
el miedo, sí, pero me falta atino.
Me encierro en mí, me escondo, me confino
en mi castillo inviolable, contengo
allí tus ataques fieros, mantengo
a salvo mi tesoro de oro fino.
Mas cuando tengo que emprender un viaje
me encuentro tus espinas y tus rosas
que hieren mi persona y mi paisaje
y entras en mi castillo, mi oro robas
y acabas con mi miedo a tus esposas
y mi adentro y afuera los englobas.