Siempre he confesado que mi
ilusión habría sido ser director de cine (primera frustración). Haber filmado la
salida de doce del Pilar de Zaragoza –y no Jiménez Correas–; haber creado trucos
y experimentado como Segundo de Chomón; haber plasmado en celuloide sueños
surrealistas con Buñuel; haber hablado con Florián Rey y su mujer Imperio sobre
su costumbrismo y cambio de chaqueta; haber tomado café con José Luis Borau,
con Fernando Palacios, con José María Forqué, con Carlos Saura… confieso que me
hubiera gustado. Actualmente son muchas las promesas que surgen en esta tierra
mía tan cinematográfica (solo citaré a Paula Ortiz -no dejéis de seguirla-).
El buen cine, para mí, es compendio de todas las
artes clásicas (segunda frustración, porque ahora es solo entretenimiento).
Pero le exijo que aporte siempre algo nuevo, original, inimitable… ¡Si pudiera
rodar la historia de mi vida!