Ni
millones de lenguas
harían
que escucharas,
que
atendieras mis ruegos...
Ni
sacrificios miles,
ni
cientos de holocaustos
tu ira
aplacarían...
Por eso
el corazón
solamente
te ofrezco:
sé que
no lo desprecias.
Por eso
una palabra
solamente
te digo:
Abba.