También sueñan los árboles,
como yo, en transformarse
en silla acogedora,
-en hombro confidente-,
en mesa compartida,
-en solidario amigo-.
Es la madera carne,
arcón donde se guardan
sábanas para el cuerpo,
librería que acoge
todo el saber humano.
Echan brotes los árboles,
nuevas vidas como hijos
que comparten la sangre:
“la madera me trae tu contacto”.